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La construcción social del cibercuerpo en la posmodernidad

Introducción

La época actual representa un momento trascendental donde el cuerpo, como portador del ser, se ha convertido en un espectro virtual mediatizado por la tecnología cibernética, como son la Inteligencia Artificial (IA), la robótica y la revolución 4.0. Las redes sociales del ciberespacio representan un entorno de interacción virtual que ha permitido diversas modificaciones importantes en la dinámica de vida de los sujetos cibernéticos, que son aquellos que navegan por el ciberespacio y viven sumergidos entre la tecnología del cibermundo.

 

La vida moderna involucra diferentes aspectos inherentes al desarrollo de las actividades corporales que conducen a la admiración de los sujetos en torno al cuidado del cuerpo, lo cual es evidente en todos los espacios de nuestra cotidianidad. Las aplicaciones tecnológicas permiten la socialización de diversos hábitos asumidos por quienes han recorrido un mayor trayecto en diversas prácticas sobre su cuerpo y que constituyen, de algún modo, la oportunidad de un intercambio de experiencias por medio de la virtualidad. El presente ensayo permite la recreación de algunos aspectos idealizados que entretejen el posicionamiento y la valoración identitaria del cuerpo en el cibermundo, el auge de la tecnociencia y cómo esta ha impactado las diversas dimensiones de los sujetos en la sociedad posmoderna.

 

Una mirada idealizada al cuerpo en el cibermundo

 

Las sociedades hiperconectadas se han constituido en un espacio donde el sujeto, como poseedor de su cuerpo, asume la contemplación del mismo como si de un culto o ritual se tratara. Esto, como forma de ser y estar presente en el mundo, ocurre mediado por el uso de la tecnología, lo cual ha devenido en una convulsión filosófica, social, política, cultural y económica. “La tecnología ha inducido transformaciones que afectan el estilo de vida de los seres humanos, porque se ha producido una articulación de la ciencia, la tecnología y la sociedad en bucle de innovación permanente” (Merejo, 2014, p. 127).

En tal sentido, las construcciones sociales actuales orientan a la valoración de un sujeto caracterizado por la utilización de lo tecnológico, que insiste en la búsqueda de una apariencia caracterizada por un cuerpo sometido al cuidado de forma obsesiva, esto es, asumir una vida acorde a lo planteado en el fenómeno del culto al cuerpo. Todo esto implica el estar sumergido en lo cibernético, pues la cotidianidad impone su incorporación para seguir operando. En un mundo dimensionado por lo virtual, se accede a través de una imagen constituida para interactuar en su entorno. Aquí funciona también la llamada máscara social, asociada históricamente a la construcción del concepto de persona, pues, a decir de Zafra (2005, p. 59), la palabra latina persona deriva del vocablo griego “prosopon”, que se refiere a “lo que se presenta de sí a la mirada del otro” y se define como “aquella cualidad o papel que corresponde representar en la vida social a cada hombre, según su estado y condición” (Echeverría y Almendros, 2020, p. 43).

 

El desarrollo de nuevos tratamientos para la modificación de la imagen corporal ha favorecido la incorporación de forma exitosa, en la mayoría de los casos, de algunas técnicas en el ámbito de la salud para el alcance de un bienestar físico socialmente impuesto, lo que ha incrementado la obsesión por la estética corporal, la cual se ha apoderado de la sociedad actual, en que se celebra y venera un tipo específico de belleza.

La aparición del culto al cuerpo en la era digital, como fenómeno postmoderno, incorpora la idea del perfeccionamiento del cuerpo a través del uso de aplicaciones tecnológicas para la transmutación de un cuerpo material “inapropiado” a un cuerpo virtual acorde con lo deseado. En todo esto se revelan los efectos sociales del cibermundo en el tras-humanismo y el sujeto cibernético post-humanista como constructor de su cuerpo, así como los aportes de la tecnociencia en el cibercuerpo.

La vida moderna involucra diferentes aspectos inherentes al desarrollo de las actividades corporales que conducen a la admiración de los sujetos en torno al cuidado del cuerpo, lo cual es evidente en todos los espacios de nuestra cotidianidad. Las aplicaciones tecnológicas permiten la socialización de diversos hábitos asumidos por quienes han recorrido un mayor trayecto en diversas prácticas sobre su cuerpo y que constituyen, de algún modo, la oportunidad de un intercambio de experiencias por medio de la virtualidad.  Al referirse a la construcción de la identidad en el cibermundo, Ursua (2008, p. 281) plantea que Internet se ha convertido en un laboratorio social muy significativo para experimentar con la construcción y reconstrucción del yo que caracteriza la vida postmoderna; Internet, a su vez, se ha transformado en poco tiempo en un medio para la expresión de la identidad personal y colectiva.

Este autor nos habla sobre el auge de la tecnociencia y cómo esta ha impactado las diversas dimensiones de los sujetos en la sociedad contemporánea, con gran énfasis en el plano social, en donde los sujetos conforman un colectivo que, haciendo uso de la tecnología,  comparten el desarrollo de actividades físicas. Pero también se valen de algunos recursos de liderazgo y autoestima con el propósito de estimular el componente psicoafectivo del colectivo de seguidores, puesto que, en el fenómeno del culto al cuerpo, el individuo debe realizar diversas prácticas de forma sistemática a fin de someter el cuerpo-propio y alcanzar la apariencia deseada a partir de volúmenes musculares y tonificaciones corporales. La apariencia lograda se constituye en el motor de alcance de gratificación al obtener los like y me gusta, luego de ser compartida en las redes sociales, para lo cual se hace imprescindible el uso de dispositivos electrónicos y aplicaciones inteligentes. El proceso implica, entre otras cosas, publicaciones de seguimiento acerca de la medición de algunos parámetros, como la frecuencia y el nivel de intensidad en el esfuerzo físico agotado durante la práctica realizada.

En el intercambio existente en el cibermundo, el sujeto postmoderno ha afianzado la cultura del consumo a través de las compras por internet, pues las tiendas virtuales hacen ofertas adecuadas a los diversos gustos, requerimientos y presupuestos, desde prendas de vestir y accesorios para acentuar algunos rasgos del cuerpo, hasta los diferentes grupos de alimentos y suplementos nutricionales recomendados para el alcance de una salud ideal, todo orientado a alcanzar la forma perfecta. Sobre la obligada necesidad de consumo, a fin de ser visible en la sociedad contemporánea y el sentir del eros, como manifestación de necesidad mediática, Han (2014, p. 30) plantea lo siguiente: A su juicio, el sujeto moderno percibe cada vez más sus deseos y sentimientos de manera imaginaria a través de mercancías y de las imágenes de los medios. Su imaginación está determinada, sobre todo, por el mercado de los bienes de consumo y la cultura de las masas.

En lo anterior se pone de manifiesto la exposición del sujeto y su aceptación ante la cultura de consumo imperante en la actualidad, pues el mercado abierto por las redes telemáticas necesita promover una determinada imagen que cautive a las masas, una fisionomía acertada para crear consumidores cautivos en el cibermundo de todos los elementos necesarios para alcanzar dicho ideal. El sujeto imbuido en el fenómeno del culto al cuerpo se desgastará en la búsqueda de lograr la ansiada meta, el cuerpo idealizado más allá de su corporalidad.

La dinámica existente del culto al cuerpo en la vida moderna, como un medio para alcanzar una imagen socialmente establecida, ha dado lugar a una cultura en la que se da prioridad a la imagen sobre los sentimientos, el carácter, la inteligencia y otras cualidades de gran importancia para el desenvolvimiento del sujeto en las diferentes esferas de la vida.

Una de las repercusiones de esta fijación por el físico en la vida contemporánea es el auge de los trastornos alimentarios, especialmente entre las generaciones menos longevas. La exigencia de adherirse al físico como modelo a seguir, ha llevado a un aumento de las dietas no adecuadas y los regímenes de ejercicios extenuantes, que pueden tener efectos perjudiciales para la salud física y mental.

Además, el énfasis en la apariencia ha provocado un clima de cosificación, conforme al cual se juzga a las personas por su atractivo físico, en lugar

19de ser valoradas por su manejo y trato hacia los demás, así como por características personales. Rasgos tan importantes en nuestros días, como la empatía, deben ser aquilatados en todo momento, pues orientan al desarrollo de la capacidad de sentido humano y de resiliencia del sujeto en cuestión.

 

La objetivación de las personas ha generado una cultura de superficialidad, por la que se abandonan los vínculos significativos en favor de relaciones superficiales. La fijación por el físico en la vida moderna también ha conducido a una mercantilización del cuerpo, que se trata como un producto que se comercializa y vende. Las industrias de la belleza y el fitness, que mueven miles de millones de dólares, sacan provecho de las inseguridades de las personas que sienten que deben desarrollar y exhibir frente a los demás el tipo de cuerpo ideal.

 

En el intercambio existente en el cibermundo, el sujeto postmoderno ha afianzado la cultura del consumo a través de las compras por internet.

 

El proceso implica, entre otras cosas, publicaciones de seguimiento acerca de la medición de algunos parámetros, como la frecuencia y el nivel de intensidad en el esfuerzo físico agotado durante la práctica realizada. En el intercambio existente en el cibermundo, el sujeto postmoderno ha afianzado la cultura del consumo a través de las compras por internet, pues las tiendas virtuales hacen ofertas adecuadas a los diversos gustos, requerimientos y presupuestos, desde prendas de vestir y accesorios para acentuar algunos rasgos del cuerpo, hasta los diferentes grupos de alimentos y suplementos nutricionales recomendados para el alcance de una salud ideal, todo orientado a alcanzar la forma perfecta. Sobre la obligada necesidad de consumo, a fin de ser visible en la sociedad contemporánea y el sentir del eros, como manifestación de necesidad mediática, Han (2014, p. 30) plantea lo siguiente: A su juicio, el sujeto moderno percibe cada vez más sus deseos y sentimientos de manera imaginaria a través de mercancías y de las imágenes de los medios. Su imaginación está determinada, sobre todo, por el mercado de los bienes de consumo y la cultura de las masas.

 

En el intercambio existente en el cibermundo, el sujeto postmoderno ha afianzado la cultura del consumo a través de las compras por internet.

 

 

El énfasis en la apariencia ha provocado un clima de cosificación, conforme al cual se juzga a las personas por su atractivo físico

 

Esta mercantilización del cuerpo ha dado lugar a una cultura del consumo, en la que se anima a las personas a comprar productos y servicios para ayudarles a conseguir el cuerpo perfecto. Dicha cultura sigue propagando el ciclo de objetivación y superficialidad, por el que la gente intenta alcanzar un estándar de belleza inalcanzable.

Un aspecto de gran importancia a considerar en la obsesión por la apariencia física es el placer mediático experimentado por los sujetos que viven la dinámica del culto al cuerpo y el profundo arraigo de esto en la cultura moderna. La promesa de un cuerpo más atractivo y una vida más plena ha llevado, con el uso de las nuevas tecnologías, a la proliferación de tratamientos de belleza, cirugías estéticas y regímenes de fitness.

Por desgracia, esta búsqueda de aceptación, a través de la apariencia física, resulta ser errónea y equivocada, ya que no involucra cuestiones más profundas de autoestima, confianza y autoaceptación en el sujeto.

Los medios de comunicación, los “influencer” de las redes sociales y los estilos de vida asumidos por los famosos y famosas han contribuido en gran manera al establecimiento del culto al cuerpo y al placer, mediático y fugaz, puesto que al promover un ideal de belleza poco realista, crean una inmensa presión en las personas para ajustarse a un determinado tipo de cuerpo, ya que lo que se percibe fuera de parámetros conduce al rechazo corporal y favorece los trastornos alimentarios y conductuales.

Toda esta hiperactividad, encaminada al logro de la apariencia, resta importancia al aspecto contemplativo que debe estar presente en el desarrollo de toda actividad humana. En ese sentido, resulta interesante la reflexión de F. Nietzsche, citado por Han (2012, p. 39): Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se ha cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntese, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo.

El devenir humano se ha caracterizado por la falta de consciencia y, por ende, de contemplación, lo cual se ha constituido en un entramado que autolesiona al sujeto actual. Este ciclo tóxico perpetúa la insatisfacción, el descontento y la infelicidad, en lugar de fomentar la armonía con el cuerpo-propio. En última instancia, el culto al cuerpo y al placer es un reflejo de un problema mayor del individuo y de la sociedad, que es la obsesión por la apariencia, favoreciendo en el sujeto post-moderno una sensación de vacío existencial, pues somos más que la apariencia.

En efecto, la inmediatez y lo secular de la vida contemporánea ha secuestrado la identidad del sujeto. En sus escritos sobre Una edad secularizada, Taylor (2007, p. 22) plantea algunos aspectos que desvelan la subjetividad de lo mediático: Nos embarga “una sensación de malestar, de vacuidad, un ansia de sentido”; la vida cotidiana nos provoca una terrible sensación de monotonía, imbuida como está de la futilidad de lo ordinario, cuando lo cierto es que solo “mediante una recuperación de la trascendencia” podemos colmar esa necesidad de significado.

Las palabras de Taylor reflejan una realidad que amenaza el desarrollo integral del individuo, la obsesión por la apariencia. La sociedad contemporánea ha favorecido la construcción de un sujeto apático, que vive de apariencia, socialmente aislado, con niveles de interacción, en la mayoría de los casos, mediados por la tecnología. Así, la vida se lleva como una carrera contra el tiempo desprovista de sentido, significado, donde lo cotidiano se convierte en “algo simplemente ordinario”. Por ello es necesario reconocer la importancia del cuidado de la salud de forma consciente, como parte de nuestra responsabilidad con el autocuidado y el bienestar. La belleza física no debe ser el único indicador de éxito y alegría. El verdadero placer y la satisfacción proceden del interior, del respeto y el amor a uno mismo, así como de una relación sana con el propio cuerpo. Esto es, un equilibrio armónico con el ser y el tener, a partir de la adopción de un enfoque más holístico y genuino de la vida.

 

Valoración identitaria del cuerpo en el cibermundo

 

El desarrollo de las sociedades ha estado condicionado por el avance de las ciencias, el uso de las tecnologías y las técnicas, lo cual ha permitido el avance en la mejora de la salud y la apariencia corpórea. Las diferentes aplicaciones tecnológicas sobre el cuerpo han permitido el desarrollo de técnicas en la búsqueda de responder a las necesidades sobre el posicionamiento identitario del ser en el mundo, en concordancia con el ideal de belleza pensado y establecido en las diferentes sociedades. Parra (2004, p. 22) da cuenta sobre algunos aspectos y significados de la construcción del cuerpo: El cuerpo adquiere múltiples posibilidades de ser y manifestarse, imitarse, semejarse, se encuentra en constante construcción y cambio, se libera de presiones y limitaciones religiosas y se recrea en la posibilidad de una autonomía estética, transformándose en un instrumento discursivo. El cuerpo es sujeto de la estética, sus gestos, sus posturas, constituyen un dominio estético que le es ajeno al organismo: el cuerpo significa.

 

En efecto, en torno a la constante construcción y modificaciones del cuerpo, el sujeto persigue continuamente la reafirmación de lo socialmente impuesto a fin de establecer un discurso. Se sabe que en el devenir El énfasis en la apariencia ha provocado un clima de cosificación, conforme al cual se juzga a las personas por su atractivo físico21 La construcción social del cibercuerpo en la posmodernidad planetario se desarrollaron los sujetos en los diferentes contextos, a partir de la presencia de un sin número de vidas unicelulares; que luego se estructuraron como organismos multicelulares y que, posteriormente, se conformaron en cuerpos estéticamente constituidos. En cualquier caso, dichos cuerpos permitieron la representación simbólica de la belleza en el sujeto como ser ontológico, pasando así nuestros ancestros por diversos saltos evolutivos, dentro de los que cabe mencionar el desarrollo de la cognición. Es así como la carne empoderada de razonamiento convertiría al sujeto en un ente pensante, portador de subjetividades que inclinaban la mirada hacia la búsqueda y adquisición de nuevos conocimientos, que permitieron identificar, por una parte, la dualidad constituida entre la anexión de la imagen corporal auto-observada y, a la vez, admirada o descalificada por el contexto y, por otra parte, la autovaloración de lo existente a lo interno del individuo, lo cual, en gran número de ocasiones, sufre una trasformación o distorsión en la manera en que se presenta a los demás.

 

Desde el punto de vista antropológico, Martínez Ojeda (2006, p. 4) plantea la vinculación del sujeto emergente y el contexto a través de lo virtual: En esas fragmentaciones, producto del impacto de la tecnología de las comunicaciones en la vida social, es donde se empiezan a articular los nuevos sujetos y grupos, y esto implica la necesidad de repensar y esto implica analizar la constitución de las identidades de estos nuevos contextos. Esta visión antropológica, aporta elementos que constituyen importantes puntos de reflexión en la dimensión psico-social contemporánea relacionada con la subjetividad identitaria de los sujetos en los ámbitos de la globalización y la mundialización cultural del sujeto cibernético, esto hace referencia a las llamadas identidades emergentes, las cuales surgen a partir de un cambio espacio-temporal brusco en la dinámica de vida de las sociedades a causa de la incorporación del fenómeno tecnológico. Los beneficios que arroja la Inteligencia Artificial sobre el bienestar y la apariencia física permiten centrarnos en la idea del perfeccionamiento del cuerpo a través del uso de las biotecnologías y su impacto en la sociedad.

La valoración identitaria del cuerpo en el cibermundo implica el desarrollo de avances importantes en las ciencias de la salud y de cómo estas responden a la demanda del sujeto en cuanto a la necesidad y el deseo. Dichas acciones, enfocadas en el alcance propuesto, dejan de lado en determinadas ocasiones aspectos inherentes a la dignidad humana, pues el sujeto, desprovisto de una identidad que ha sido sustituida por las exigencias estéticas del contexto, pone en marcha una serie de procedimientos mediados por la biotecnología, que desvirtúan el cuerpo-propio. De ahí que nos encontremos mujeres y hombres con rasgos prominentes en algunas estructuras anatómicas manipulados estéticamente, que no se corresponden con la edad o etapa de vida del sujeto.

 

Los medios de comunicación, los “influencer” de las redes sociales y los estilos de vida asumidos por los famosos y famosas han contribuido en gran manera al establecimiento del culto al cuerpo

 

La sociedad contemporánea ha favorecido la construcción de un sujeto apático, que vive de apariencia

 

Por otro lado, estos avances recientes en tecnología indican que es posible el incremento de mejorar en la capacidad cognitiva, el estado de salud y bienestar físico, lo cual puede favorecer al desarrollo de mejores habilidades personales e interacciones sociales.

Esto permite reflexionar sobre la siguiente cuestión: ¿somos lo que realmente somos o lo que la técnica nos permite ser? Las características del post-humanismo pueden surgir a partir de la valoración social en la vida del sujeto, su evolución, así como el futuro en la actual sociedad tecnocientífica, donde se establecen cada vez más los procedimientos clónicos, biónicos o digitales y cuerpos perfeccionados. Los nuevos avances médicos mediados por la tecnología pueden restaurar la salud o buscar el perfeccionamiento (enhancement) estético del cuerpo, el cual puede no ser por motivo terapéutico, sino de la llamada “salud positiva”.

 

 

 

 

 

 

En este concepto convergen, además, otras ciencias como la sociología, la política y la economía, entre otras, e implica una serie de aspectos que incorporan los avances de lo virtual a fin de incrementar el bienestar físico integral de los sujetos y, a su vez, la noción de calidad de vida.

Es a partir de esta valoración que el ser humano debe apropiarse de herramientas de adecuación en la era de la IA, que deben ser generadas a la par de la imponente extensión de la misma en el ciberespacio, pues el sujeto contemporáneo tiene la doble atribución de trascender, en primer lugar, por medio de las representaciones simbólicas, que implican el cuidado del cuerpo propio, esto es, el seguimiento de un estilo de vida saludable y, en segundo lugar, la presencia en el mundo por medio del uso de la cibermedicina, la cual aporta las oportunidades y retos para la atención de la salud mediada por la tecnología (la nanotecnología, la medicina robótica y las prótesis inteligentes), que tiene como propósito disminuir el sufrimiento o desgracia humana.

En definitiva, las modificaciones corporales desarrolladas por la cibermedicina, así como por la biotecnología, el internet de las cosas y de los sistemas informáticos aplicados a la salud, han impactado en las representaciones culturales del cuerpo, pues lo que se pensaba como una utopía, hoy es una realidad, gracias al alcance de la cibermedicina y la revolución de  la IA. Al respecto, Galparsoro (2019, p. xi, nota 1) plantea
lo siguiente:

 

 

La IA. Al respecto, Galparsoro (2019, p. xi, nota 1) plantea lo siguiente: En el cibermundo actual, donde existe la creencia de que puede darse una simbiosis entre lo humano y lo digital, entre el hombre y la máquina (pothumanismo, pues señala esa hibridación, el cíborg), la obsesión por la apariencia física se ha convertido en un problema generalizado, llegando incluso a una postura muy radical para obtener un cuerpo humano mejorado tecnológicamente y que ahora denominamos, como ya se ha señalado, transhumanismo, postura muy radical en la medida en que señala que hay que ir más allá del cuerpo.

El abordaje de estos aportes en el cibermundo, da lugar a la reflexión sobre el alcance de aspectos puntuales de la cibermedicina y su impacto en la subjetividad humana: ¿qué se debe esperar?, ¿cuál será el punto de no retorno entre lo biológico y lo tecnológico? Emerge la necesidad de una mirada a las diversas posibilidades que se asoman, realidades ya inminentes a partir del uso de la biotecnología y la biomedicina.

 

Conclusión

La historia de las distintas sociedades indica la importancia que ha ocupado el cuerpo y el establecimiento de una imagen idealizada como parámetro de belleza. Lo cual se construye de acuerdo con los lineamientos antropológicos y contextuales de la población en cuestión. Pues cada conglomerado social está marcado por un aporte de características étnicas y realidades culturales que impactan directamente el modelo estético.

Ciertamente, el cibercuerpo es un dispositivo para la proyección de identidades virtuales. Y es así como este espectro del cuerpo puede convertirse en una mercancía, con valor de uso y de cambio, que se vende y se compra en el mercado. El prototipo cultural de belleza de nuestra sociedad se caracteriza por un imponente desarrollo de las tecnocomunicaciones, donde se promueve el consumo como medio de ser en el mundo.

En la época del ciberespacio, el uso de redes sociales ha contribuido a perpetuar el fenómeno del culto al cuerpo. Esto permite el sometimiento del sujeto a un constante bombardeo publicitario, cuyo objetivo principal consiste en generar una conducta adictiva que permita asumir, exhibir y perpetuar un patrón ideal de belleza. De modo que, en la actualidad, la imagen corporal representa uno de los aspectos de mayor valoración entre los sujetos, lo cual va en detrimento de otros aspectos esenciales que conforman y permiten el desarrollo del buen vivir, como son los atributos espirituales o intelectuales.

Por ello es necesario reconocer la importancia del cuidado de la salud de forma consciente, como parte de nuestra responsabilidad con el autocuidado y el bienestar; y la belleza física no debe ser el único indicador de éxito y alegría. El verdadero placer y la satisfacción proceden del interior, del respeto y el amor a uno mismo, así como de una relación sana con el propio cuerpo.

Esto es, un equilibrio armónico con el ser y el tener, a partir de la adopción de un enfoque más holístico y genuino de la vida.

 

 

Referencias

  • Echeverría, J. y Almendros, D. (2020). Tecnopersonas: como las tecnologías nos transforman. Editorial Trea Ensayos.
  • Galparsoro, J. (2019). Más allá del Posthumanismo. Antropotécnicas en la era digital. Ed. Comares.Eikasía Revista de Filosofía, (104), 263-266.
  • Han, B. C. (2012). La sociedad del cansancio (trad. Arantzazu Saratxaga Arregi). Herder Editorial, Barcelona. https://underpost.net/ir/pdf/cy3/la-socieadad-del-cansancio_.pdf
  • Han, B. C. (2014). La agonía del Eros (trad. Raúl Gabas). Herder Editorial, Barcelona.
  • Martínez Ojeda, B. (2006). Homo digitalis: etnografía de la cibercultura. (Trabajo de Grado) Universidad de los Andes. https://repositorio.uniandes.edu.co/ bitstream/handle/1992/22724/u271044.pdf? sequen
  • Merejo, A. (2014). El cibermundo como revolución tecnológica, científica y filosófica. Eikasía, 58, 58-05. https://wikimasum.geo-lab.info/tai2k/tesisalp/ _media/singularidades/ sobre/20150828105800_cibermundo.pdf
  • Parra, A. (2004). Del cibercuerpo o las paradojas de la corporeidad: ¿Devenir cuerpos (post)humanos? [Tesis de grado Universidad Nacional de Colombia]. https://repositorio.unal. edu.co/handle/unal/8815
  • Taylor, C. (2007). A Secular Age. Belknap Press / Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, pp 20-44.
  • Ursua, N. (2008). La(s) identidad(es) en el ciberespacio: una reflexión sobre la construcción de las identidades en la red (“online Identity”). Ontology studies, 277-296.
  • Ursua, N. (2008). La(s) identidad(es) en el ciberespacio: una reflexión sobre la construcción de las identidades en la red (“online Identity”). Ontology studies, 277-296.

 

 

 

YSABEL NOEMÍ TEJEDA DÍAZ
YSABEL NOEMÍ TEJEDA DÍAZ
ynoemitejeda@hotmail.com &bnsp;&bnsp;&bnsp;&bnsp;&bnsp; Médico especialista en Ciencias de la Alimentación y Nutrición. Doctorado en Educación. Nova Southeastern University’s (NSU). Doctorado en Filosofía. Universidad del País Vasco (UPV/ EHU). Postdoctorado en Currículo, Discurso y Formación de Investigadores. Docente investigadora Facultad de Ciencias de la Salud (FCS) Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Directora del Instituto de Investigación en Salud (INSIS) durante el período 2018-2022 (FCS-UASD). Coordinadora de la primera cohorte del Doctorado en Ciencias de la Salud (FCS-UASD).

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