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Inteligencia humana versus Inteligencia Artificial en el cibermundo

(…) la inteligencia se confunde con un mundo construido por ella misma. A lo largo de la historia humana, constantemente estamos renovando nuestra concepción del universo y el mundo. Por ejemplo, con el giro Copernicano del geocentrismo al heliocentrismo, la especie humana deja de estar en el centro del universo finito y se enfrenta a una infinitud y vacío que la trascienden (Yuk Hui, Fragmentar el futuro. Ensayo sobre la diversidad, 2020. Pp.178-179)

 

Resumen

El cibermundo es el espacio virtual que se crea a través de las redes informáticas y los diversos softwares de inteligencia artificial (IA), gracias a la inteligencia humana (IH). En este mundo cibernético se manifiestan actividades correspondientes a diversos ámbitos: de comunicación, educación, entretenimiento, comercio, política, cultura y tecnociencia. La IA se ha constituido en el cibermundo como una realidad compleja, dinámica y global, que plantea nuevos desafíos y oportunidades para la sociedad y el sujeto cibernético que vive en él. Sin embargo, el cibermundo no es un espacio neutro ni libre de conflictos. Por el contrario, es un escenario donde se expresan y se disputan los intereses y los valores de diferentes sujetos cibernéticos, que buscan ejercer su influencia y su poder sobre el mismo.

¿Cuál es la posición o actitud de este sujeto ante la inteligencia artificial? ¿Qué ventajas y riesgos tiene para él como ser viviente dotado de inteligencia ¿Qué valores y principios deberían guiarlo con relación a la inteligencia artificial? ¿Qué implicaciones tiene la inteligencia artificial para la identidad, la cultura y la sociedad? Estas son algunas de las preguntas que se podrían abordar desde la filosofía cibernética e innovadora. El objetivo de este ensayo es reflexionar sobre estas cuestiones desde una visión transdisciplinaria y crítica, que integra los aportes de otras ciencias y disciplinas, tales como la epistemología cibernética, IA, informática, lingüística, educación, política, comunicación, sociología, psicología, antropología y la ética. Palabras clave: Cibermundo, sujeto cibernético, inteligencia artificial, inteligencia humana.

 

I. El sujeto cibernético ante los desafíos de la IA

Hay que partir de que la IA tiene un gran potencial para mejorar nuestras vidas, en la misma medida en que nos presenta desafíos y riesgos significativos para el mundo y cibermundo como híbrido planetario.

De ahí que comprender ese potencial a favor de la humanidad, así como los retos que se avecinan, son parte fundamental para comprender la IA versus la IH. Desde esta óptica, se puede definir la IA como la capacidad de las máquinas o sistemas informáticos de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el razonamiento, el aprendizaje,

 

 

 

Los sujetos cibernéticos inmigrantes que llegaron tarde al cibermundo, a todo lo que es digital, se sienten abrumados con la entrada de manera disruptiva de la IA

 

la percepción, la comunicación, la creatividad o la resolución de problemas. La IA se ha desarrollado enormemente en las últimas décadas, gracias al avance de la informática, las telecomunicaciones, la robótica, la biotecnología y otras disciplinas. Además, ha generado beneficios y oportunidades para diversos campos y sectores de la actividad humana, como la educación, la salud, la economía, la seguridad, el entretenimiento o el arte. Sin embargo, la IA también ha planteado desafíos y riesgos para el ser humano, su cultura, su sociedad y su ética. La IA ha contribuido de manera vertiginosa a que máquinas computacionales aprendan y realicen tareas para las que antes solo estaban capacitados para hacerlos los humanos.

Esto ha llevado una transformación en todos los escenarios productivos y educativos, que van desde la industria manufacturera hasta la agroalimentación. Esta última, relacionada con la producción, distribución y procesamiento de alimentos, de la ganadería y la agricultura y la calidad del consumo de los alimentos por parte de los ciberconsumidores o sujetos cibernéticos consumidores, que son aquellos que indagan en etiquetas y QR cómo han sido procesados.

El sujeto cibernético, como ser viviente, es humano, definido por su práctica social. Gracias al cerebro-lenguaje- pensamiento- discurso- lengua- cultura- sociedad, se enfrenta a la IA en el cibermundo, reconociendo que esta se ha constituido en el dispositivo de software virtual más inteligente e innovador que por el momento él ha podido diseñar (Merejo, 2017; 2023a). Dada su
condición de sujeto, reconoce la capacidad de la IA y cómo ha impulsado no solo la estructura cibernética sino también, lo que se desprende de esta en el plano social, económico, educativo, político y cultural. Desde la visión de recursividad planteada por (Hui, 2022), se puede inferir que el sujeto cibernético es el que ha construido el cibermundo a la vez que este lo construye. Como sujeto, no solo utiliza las tecnologías digitales para ampliar sus capacidades cognitivas, afectivas y comunicativas, sino que, mediante sus aplicaciones y conocimientos, lo van formando también.

El sujeto cibernético se relaciona con el ciberespacio, entendido como el espacio virtual generado por las redes informáticas, especialmente las redes de Internet, que permite la comunicación, la interacción, la creación y el acceso a la información de miles de millones de personas en todo el mundo, no de manera pasiva sino activa, porque el ciberespacio lo ha ido formando, dando en él un conocimiento y formación recursiva. Como sujeto, se caracteriza por ser recursivo, adaptable, flexible y por su capacidad de interactividad, creatividad e interconectividad, además que se enfrenta a los cambios constantes y acelerados que se producen en el mundo actual y busca aprovechar las oportunidades que le ofrecen las tecnologías digitales para su desarrollo personal y social.

 

La IA tiene algunas ventajas sobre la inteligencia humana, en cuanto a que puede procesar grandes cantidades de datos en muy poco tiempo.

 

Tener en cuenta que el sujeto cibernético es viviente entretejido de recursividad lenguaje-cerebro- poder-lengua-cultura-sociedad, altamente autoorganizado, que aprende múltiples tareas diferentes, cambia y se adapta en el trascurso del tiempo, por lo que es sujeto de experiencia subjetiva, en cambio, la IA es de posexperiencia no subjetiva y sin emociones, porque su diseño y creación es producto del sujeto cibernético, que la organiza y porque es incapaz de hacerlo por sí misma.

El impacto de la IA en la sociedad actual es tan estremecedor que muchos de los sujetos cibernéticos, en su mayoría la generación de inmigrantes y el net digitales se sienten transidos en el cibermundo, se encuentran atrapados en un darse cuenta, que sus sistemas de creencias construidas a lo largo de toda su vida se han ido desmoronando, y no saben qué hacer, dado que viven envueltos en La crisis de la narración (Han, 2023). Los sujetos cibernéticos inmigrantes que llegaron tarde al cibermundo, a todo lo que es digital, se sienten abrumados con la entrada de manera disruptiva de la IA y sienten el temor de que esta producirá una hecatombe que hasta el momento solo existe en la ciencia ficción; en cambio, la generación net, está compuesta por los sujetos que crecieron y estudiaron en este mundo, pero en su mayoría ya no se sienten con capacidad de desaprender lo que han aprendido a los cambios constantes y acelerados que se producen en el mundo actual y busca aprovechar las oportunidades que le ofrecen las tecnologías digitales para su desarrollo personal y social.

Tener en cuenta que el sujeto cibernético es viviente entretejido de recursividad lenguaje-cerebro- poder-lengua-cultura-sociedad, altamente autoorganizado, que aprende múltiples tareas diferentes, cambia y se adapta en el trascurso del tiempo, por lo que es sujeto de experiencia subjetiva, en cambio, la IA es de posexperiencia no subjetiva y sin emociones, porque su diseño y creación es producto del sujeto cibernético, que la organiza y porque es incapaz de hacerlo por sí misma. El impacto de la IA en la sociedad actual es tan estremecedor que muchos de los sujetos cibernéticos, en su mayoría la generación de inmigrantes y el net digitales se sienten transidos en el cibermundo, se encuentran atrapados en un darse cuenta, que sus sistemas de creencias construidas a lo largo de toda su vida se han ido desmoronando, y no saben qué hacer, dado que viven envueltos en La crisis de la narración (Han, 2023). Los sujetos cibernéticos inmigrantes que llegaron tarde al cibermundo, a todo lo que es digital, se sienten abrumados con la entrada de manera disruptiva de la IA y sienten el temor de que esta producirá una hecatombe que hasta el momento solo existe en la ciencia ficción; en cambio, la generación net, está compuesta por los sujetos que crecieron y estudiaron en este mundo, pero en su mayoría ya no se sienten con capacidad de desaprender lo que han aprendido y reaprender todo lo que ha ido sucediendo en estos tiempos cibernéticos. Comprenden los cambios que acontecen y los viven como algo constitutivo de la propia innovación tecnológica, pero consideran que su tiempo va más acelerado que la generación de los nativos digitales, que tienen visión y comprensión más profunda de lo que está sucediendo y puede suceder con la IA.

Los nativos digitales son los sujetos que nacieron y viven navegando por el ciberespacio, por todos sus confines, por todas sus redes sociales, hasta llegar una parte de esta generación a ser especialistas en diversa cantidad de aplicaciones de software. Para estas generaciones, la IA es abordada como un desafío a la inteligencia humana (IH). Por eso, muchos comienzan a demandar carreras como ciberseguridad, desarrolladores de softwares, especialistas en IA, ingeniero y ciencia de datos.

De manera puntual, los sujetos cibernéticos profesionales en el ámbito filosófico. Esto va desde ética aplicada a la IA, como la epistemología y la teoría de la inteligencia humana y su relación con la IA, sin dejar atrás la lingüística, sociología, psicología, en el área de la teoría cognitiva y todo lo que es la ciberadicción.

 

II. Inteligencia artificial (IA) versus inteligencia humana (IH)

 

Vivimos en un mundo cibernético moldeado en lo social, político, económico, cultural y educativo, estructurado en tecnologías habilitadoras derivadas de la Revolución 4.0, como son internet de las cosas, IA, Big data, computación en la nube, máquinas inteligentes, así como los sistemas ciberfísicos, que son dispositivos que combinan componentes físicos y digitales, como sensores, robots y drones.

Desde la década de los 50 del siglo XX, la IA ha sido objeto de discusión por la capacidad de desarrollar sistemas capaces de realizar tareas que en otro tiempo solo eran exclusivas de la IH, que es la inteligencia que, por ser parte de nuestra condición de humanos, nos da la capacidad de aprender, desaprender, reaprender y, razonar; además de poder resolver problemas y tomar decisiones.

Sin embargo, es importante tener claro que la IA tiene algunas ventajas sobre la IH, en cuanto a que puede procesar grandes cantidades de datos en muy poco tiempo, lo que la hace muy útil en campos como la medicina, la ingeniería y la investigación científica; además de no estar sujeta a las limitaciones físicas y biológicas de la IH, lo que significa que puede trabajar durante largas horas sin cansarse.

El pensar desde la filosofía cibernética e innovadora la relación del sujeto cibernético con el diseño de los softwares de la IA, implica un conocimiento no solo de estos, sino de todo el sistema que lo envuelve, además de otros componentes tecnológicos que estructuran el poder y control virtual del cibermundo, el cual tiene que ver con los diferentes tipos de hackers, y sus relaciones con las variantes del poder cibernético y la ciberseguridad (Merejo, 1998; 2012).

Cuando reflexionamos sobre la IA, optamos por la concepción de lo que es la IA Débil (IAD), también llamada estrecha, ya que como sistemas virtuales están diseñados para realizar tareas concretas y limitadas, sin exhibir una inteligencia general comparable a la de los seres humanos. Estos sistemas están programados para seguir reglas predefinidas y algoritmos que les permiten resolver problemas específicos, pero carecen de la capacidad de aprender, adaptarse y razonar por sí mismos. Algunos ejemplos de inteligencia artificial débil son los chatbots, como ChatGPT, los asistentes virtuales, los sistemas de reconocimiento de voz, los filtros de spam, los motores de búsqueda, los videojuegos, entre otros.

Este tipo de inteligencia se basa en el aprendizaje profundo (…) “que toma datos de un dominio específico y los aplica para optimizar un determinado resultado. Aunque impresionante, todavía está muy lejos de la IA general, la tecnología polivalente capaz de hacer todo lo que puede hacer un ser humano” (Fulee, 2020, p. 25). Esta precisión es importante porque la IA General (IAG) no existe y se refiere a los sistemas que tienen la capacidad de comprender, aprender, razonar y tomar decisiones de manera similar a los seres humanos, en cualquier dominio o contexto. La IAG tiene como objetivo igualar o superar la inteligencia humana en todos los aspectos, incluyendo la creatividad, la conciencia, la emoción y la ética. Algunos ejemplos son los robots humanoides, las máquinas conscientes, las superinteligencias. Sin embargo, como bien argumenta Fulee:


No puedo garantizar que los científicos lograrán los
grandes avances que traerá consigo la AGI (Inteligencia Artificial General, AM) y luego la superinteligencia. De hecho, creo que debemos esperar mejoras continuas al estado actual de la tecnología punta. Pero estimo que aún estamos a muchas décadas, si no siglos, de esa realidad. También hay una posibilidad real de que la IAG
sea algo que los humanos no lograrán nunca. La inteligencia general artificial sería un punto de inflexión importante en la relación entre los seres humanos y las máquinas, lo que muchos predicen que sería el acontecimiento más significativo en la historia de la raza humana (2020, p. 1991).

Por tal motivo, se ha de comprender que las IA, aunque tiene cierta comparación con el sujeto cibernético, en cuanto a inteligencia, a razonamiento, lógica y resolución de problemas, el sujeto no se reduce solo a este tipo de inteligencia, es débil. Este va mucho más allá porque entra en el plano de las pasiones, los deseos, las pulsiones existenciales como condición sine qua non de su identidad biológica, caracterizada por la autopoiesis (Maturana & Varela, 2004).


Los dispositivos de IAD tienen la capacidad de generar
nuevos datos a partir de datos de entrenamiento y reglas previamente aprendidos, por lo que no se autoorganizan como el sistema de los humanos porque son redes neuronales artificiales que están diseñadas y programadas por el sujeto cibernético especialista en softwares de IA virtuales, cuya capacidad neurolingüística es productora de conceptos creativos y complejos. Con esto no quiero quitarle lo valioso de estos dispositivos artificiales, dada la importancia para realizar tareas específicas, rápidas y de gran utilidad.

Esto significa que la inteligencia humana se autorreproduce, se autoorganiza y la artificial no, porque el cerebro humano está compuesto por billones de neuronas interconectadas a la vez que genera nuevas neuronas cerebrales a lo largo del tiempo, dado su proceso de neurogénesis constitutiva que le permite no solo procesar información sino también de aprender-desaprender-
reaprender y tomar decisiones, mientras que las redes neuronales artificiales imitan la estructura y el funcionamiento del cerebro humano.

 

Para estas generaciones, la IA es abordada como un desafío a la inteligencia humana

 

El sujeto cibernético tiene la capacidad de la autoorganización, en cuanto a la capacidad de adaptarse y cambiarse a sí mismo, en respuesta a nuevas experiencias o estímulos tanto en el mundo como en el cibermundo. En el caso del cerebro humano, las neuronas y las conexiones neuronales se reorganizan constantemente a medida que cambian, aprenden nuevas habilidades o se adquieren nuevos conocimientos. La autoorganización también permite al cerebro humano adaptarse a situaciones cambiantes y responder a estímulos imprevistos.

En el caso de la inteligencia artificial, la autorreproducción no es un concepto aplicable ya que la IA no es un sistema biológico. La autoorganización y la adaptación son características que se pueden incorporar en la programación de la IA para que el sistema pueda ajustarse y mejorar en función de los datos de entrenamiento y la retroalimentación que recibe. Sin embargo, estas capacidades de la IA son limitada, en comparación con la complejidad y flexibilidad de la IH. La IA no es más que un invento de la IH, por lo que no experimenta emociones, sentimientos y no padece de miedo, hambre, tristeza y mucho menos conoce de conciencia moral, es amoral, por lo que es indiferente ante lo que es remordimiento y la fatiga. La IA no “puede pensar porque no se le pone la carne de gallina” (Han,202, p.53), aunque tengan inteligencia, carecen de conciencia, de emoción y sentimientos humanos, como el miedo, la culpa o el remordimiento. Este tipo de inteligencia solo se guía por la lógica y eficiencia para alcanzar objetivos puntuales, por lo que no sabe de remordimiento o preocupación, carece de estos y, por tanto, sus acciones no miden consecuencias de la magnitud que lo haría la IH.

La IA no corre al vacío, no se pierde entre el dolor y la nada, entre la mirada o el anochecer de la soledad. No se ahoga, no se despierta, tampoco vive entre el sueño y la vigilia, entre moverse y petrificarse, entre vivencia y experiencia, no sabe lo que es recuperar la conciencia, salir de la fase profunda del sueño. No sabe lo que es la parálisis del sueño, en tanto experimentar unos músculos relajados, pero al mismo tiempo paralizados ante un manto de incertidumbre, de ahogo y falta de oxígeno para respirar. Como inteligencia no humana, está ahí siempre, dispuesta a trabajar sin estresarse, sin saber lo que es la ira, el desencanto, las perplejidades y el vértigo en el Cibermundo transido. Enredo gris de pospandemia, guerra y ciberguerra (Merejo, 2023b). Su sapiencia puede ser que llegue a recorrer lo más recóndito del universo, viajar en información entre los millones y millones de galaxias y ser el oráculo omnisciente, el que todo lo sabe y el que logre obtener todos los conocimientos adquiridos por la humanidad en toda su historia y el que no deja preguntas y dudas en el aire.

Como inteligencia no humana, puede hacer más de una tarea al mismo tiempo, pero no podrá entender o sentir la tragedia de Fausto, aquel momento, cuando Mefistófeles le dice a ese joven estudiante (Fausto) acucioso de sabiduría: “gris, caro amigo, es toda teoría y verde el árbol dorado de la vida” (Goethe, 2018, p.92. Vl.1). La IA, a partir de los primeros códigos y algoritmos con que la configuraron, puede dejar constancia de su capacidad de autorreproducirse y autoprogramarse; aunque ignore quién intervino en esa configuración, en este caso sería el sujeto cibernético programador, especialista en algoritmo e inteligencia generativa. La IA ignora el espíritu de la pesadez (Nietzsche), no entiende, por qué no tiene facultad de entendimiento, por lo que jamás experimentará la carta de ruta que se mueve entre el abismo y la decadencia, eros y thanatos, y el ser y la nada sartreano; no escucha la lluvia caer entre gramas, flores y árboles frutales. En fin, la IA nunca entenderá qué es perderse en el romance de la pena negra, del poeta Lorca, que vivió ahogado en Soledad Montoya, esa gitana agitada porque sus penas no tienen remedios y ha perdido la esperanza de encontrar un antídoto para curarla.

 

Conclusión

Es bueno precisar, que la IH y la IA son objetos de estudio e indagaciones en el campo académico y científico. La inteligencia humana es una capacidad que se ha desarrollado a lo largo de millones de años de evolución, mientras que la Inteligencia Artificial es una creación humana, relativamente reciente. Aunque la IA ha ido cambiando el complejo entramado cibercultural, social, educativo y político del cibermundo, todavía no entra en el marco de igualación con la IH, porque esta no solo tiene capacidad de flexibilización, sino también afectividad, de ella brotan sentimientos que hacen pensar en que no se puede ser indiferente, ante la muerte y mucho menos, ante la vida. La IA y la IH son dos conceptos diferentes, a pesar de algunas ventajas de la primera sobre la segunda, esta seguirá siendo IA débil, porque se mueve en tareas puntuales ante la otra, por lo que todavía está muy lejos de igualar su complejidad y flexibilidad.

 

Es indiscutible que la IA seguirá avanzando, pero nunca podrá reemplazar completamente a la IH. En conclusión, es muy difícil predecir el futuro, aunque es probable que la IA débil o estrecha siga avanzando y que en el trascurso del tiempo se inventarán muchas aplicaciones de contenidos que tienen que ver con: medicina, salud, ingeniería, finanzas, política, educación, entre otras áreas del conocimiento científico. Sin embargo, esto no puede dejar atrás las implicaciones éticas y sociales de IA débil, a medida que se desarrolla, para garantizar que esta sea utilizable para el bien común del mundo y cibermundo, como híbrido planetario.

 

Referencias bibliográficas

  • Fulee, Kai (2020). Superpotencias. Inteligencia artificial. España: Deusto.
  • Goethe, Johann Wolfgang von (2018). Fausto. Una tragedia. Primera Parte. trad. Helena Cortes Gabaundan. Barcelona: Galaxia. Han, Byung Chul (2021). No-cosas: Quiebras del mundo de hoy. Barcelona: Herder.
  • (2023). La Crisis de la Narración. Barcelona: Herder. Hui, Yuk (2020). Fragmentar el futuro. Ensayo sobre la diversidad.
  • Trad. Tadeo Lima. Argentina: Caja Negra. (2022). Recursividad y Contingencia. Trad. Maximiliano Gonnet. Argentina: Caja Negra.
  • Maturana R., Humberto & Varela G, Francisco (2004). De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis:
  • La organización de lo vivo. Buenos Aires: Lumen. Merejo, Andrés (2012). Hackers, y filosofía de la ciberpolítica. Santo Domingo: Búho.
  • (2017). La dominicanidad transida, entre lo virtual y lo real. Santo Domingo: Santuario.
  • (2023a). Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos. Santo Domingo: Santuario
  • . (2023b). Cibermundo transido. Enredo de pospandemia, guerra y ciberguerra. Santo Domingo: Santuario.
ANDRÉS MEREJO
ANDRÉS MEREJO
merejoandres@gmail.com                    PhD en Filosofía. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. profesor e investigador de la UASD y Director de Fomento y difusión de Ciencia y la Tecnología (MESCyT). Premio Nacional de ensayo científico (2014). Autor de: La vida americana en el siglo XXI; El ciberespacio en la Internet en RD; Hackers y filosofía de la ciberpolítica; La era del cibermundo; El cibermundo global en RD; La dominicanidad transida: entre lo virtual y lo real; Cibermundo transido, enredo gris de postpandemia, guerra y ciberguerra; Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos.

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