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Transparencia electoral: la receta para la credibilidad

“Sin transparencia, no hay forma que los ciudadanos puedan saber por si mismos que sus elecciones son auténticas”
(Comisión Global Sobre Elecciones, Democracia y Seguridad, 2012

Uno de los principios necesarios para garantizar la credibilidad de los procesos electorales es la transparencia. Este ha sido adoptado por varias organizaciones a nivel internacional a fin de
garantizar y mejorar los sistemas de gobernanza y la prestación de servicios públicos. Organizaciones como IDEA Internacional y la Alianza para el Gobierno Abierto han reconocido a la transparencia como un elemento clave para que los gobiernos y las instituciones públicas puedan mejorar su desempeño y rendir cuentas al público. Esto se debe a que la transparencia no solo hace
visible lo público, sino que empodera a la ciudadanía a ser parte de lo público.

En este sentido, la transparencia se ha vuelto fundamental para el buen desarrollo de las elecciones. Primero, porque permite una eficiente gestión del proceso electoral, y segundo, y lo que es lo más importante, abona a la credibilidad del proceso y la legitimidad del resultado. Pensemos en los numerosos casos de elecciones que han resultado en crisis políticas o incluso violencia, debido a que alguna etapa del ciclo electoral no contó con garantías plenas de transparencia. Un solo ejemplo lo ilustra bien: en las elecciones generales de 2007 en Kenia, problemas y demoras con el conteo y transmisión de resultados electorales sirvieron como la chispa que detonó protestas y violencia, que desafortunadamente culminó con más de 1,000 muertos y aproximadamente 500,000 personas desplazadas (Human Rights Watch, 2008).

 

Transparencia y procesos electorales

 

En el plano del derecho internacional varios tratados y manuales sostienen que la transparencia es un principio fundamental para garantizar la integridad de una elección. La Declaración Universal de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos especifican que la transparencia es un principio clave para el ejercicio de los derechos políticos y electorales. Asimismo, documentos como el Manual de Diseño de Gestión Electoral de IDEA Internacional y el Código de Buenas Prácticas en Asuntos Electorales de la Comisión de Venecia incluyen a la transparencia y a
la rendición de cuentas como parte nodal de procesos electorales justos y libres. En este sentido es importante considerar que, por un lado, la transparencia es un principio fundamentado en el derecho internacional, y por otro, que la transparencia es un pilar reconocido de los regímenes democráticos. De ahí su importancia.

De manera general, la transparencia puede ayudar a identificar irregularidades en los procesos electorales, a informar sobre la mala conducta de funcionarios y a evidenciar posibles prácticas fraudulentas. La transparencia sirve como un mecanismo para justificar, fundamentar y defender a los organismos electorales, su personal y sus actividades de acusaciones infundadas
y percepciones de fraude. Igualmente, la transparencia ayuda a mejorar la percepción de la ciudadanía sobre la integridad de los procesos electorales —se convierte en un fundamento para la integridad electoral y la confianza ciudadana en las elecciones. No obstante, la falta de transparencia tiene los efectos opuestos: cuando la información se retrasa u obstruye, los procedimientos
no son verificables o cuando no hay claridad sobre las decisiones de los organismos electorales, pueden generarse rumores y sospechas que acaben cuestionando la integridad de toda una elección. Aquí es importante señalar que si bien la transparencia tiene mucho peso en las diferentes etapas, en tanto que es un elemento que incide de manera transversal en la diferentes fases de
un proceso electoral, es en la transmisión de resultados donde adquiere mayor importancia. Esto porque cuando los resultados se transmiten de manera oportuna y están ampliamente disponibles, son fáciles de entender y precisos, se evita la especulación y se facilita la aceptación de los resultados de las elecciones. De ahí que la transparencia sea base fundamental para la administración e implementación de los procesos electorales y de la democracia como sistema de gobierno.

Ahora bien, la transparencia electoral puede sonar un poco abstracta. Siendo así, ¿Cómo pueden los órganos electorales llevar este concepto a la práctica en sus procesos y actividades? Para orientar esto, debemos considerar dos condiciones clave de la información y los datos en los procesos electorales, y es que esta debe ser visible e inferible (visibility e inferability en inglés).

Utilizando la definición minimalista de Michener y Bersch (2013), la transparencia debe considerar ambas condiciones como principios operacionalizables, estoes, que la información pueda traducirse y expresarse en mecanismos que le den visibilidad y claridad o que la hagan inferible o entendible. Primero, la visibilidad, como la palabra lo indica, está asociada con la semántica de “luz y vista” (Michener y Bersch, 2013: 237). Tiene propiedades visuales y, por lo tanto, está relacionada con la presencia de información, a diferencia de su ausencia, claridad sobre opacidad. Para que la información sea visible debe cumplir dos condiciones: integridad y fácil localización. Así bien, la información debe tener un alto grado de integridad, lo que significa que la información disponible debe ofrecer una imagen completa, sin grandes omisiones, del asunto en cuestión. Por lo que respecta a la segunda condición, la información debe ser fácil de localizar, lo que se traduce en que sea
fácil de encontrar, incluso sin buscarla.

Ahora bien, y en lo que respecta a la segunda condición general, para que la información sea inferible esta debe ser de alta calidad. La inferibilidad no solo tiene que ver con la información per se, pues también se tiene que considerar el aspecto interactivo de la misma, que depende de la audiencia receptora. En este sentido, que la información sea inferible también se relaciona con
la calidad de la misma. Esto significa que debe poseer tres atributos clave: desagregación, que sea verificable y simplicidad. La desagregación significa que debe presentarse tal como viene, sin mediación. Cuando la información se desagrega, esta se presenta directamente, sin mediación y en forma cruda. La verificabilidad o que sea verificable, significa que la información debe poder
ser auditada por terceros, lo que también aumenta su inferibilidad. Y simplificación, se relaciona con la accesibilidad y facilidad de uso de la misma; esto es, que la información sea accesible y fácil de entender.

De manera sucinta, y como lo indica el cuadro 1., la transparencia debe ser visible, que significa, que sea íntegra y de fácil localización; y debe ser inferible, es decir, que esté desagregada, que sea verificable y que su uso y acceso sea simple y sencillo

 

Cuadro 1. Condiciones generales y específicas de la transparencia

Ahora bien, teniendo en cuenta la definición y condiciones de la transparencia, es importante señalar que su existencia debe darse en todas las fases del proceso electoral. Aquí vale la pena recordar que el ciclo electoral, de acuerdo con lo establecido por IDEA Internacional, consiste de tres fases generales: el periodo pre-electoral, el periodo electoral y el periodo post-electoral.

Como lo indica la figura 1, cada etapa incluye distintos componentes y actividades. Por ejemplo, el periodo pre-electoral, que incluye las fases de planeación, capacitación, información y registro, puede incluir actividades específicas como el diseño y planeación del presupuesto y el calendario electoral, la capacitación del personal y la actualización del registro de votación.

Por otro lado, el periodo electoral, que incluye las fases de campañas, nominación, votación y resultados, puede incorporar, entre otras cosas, la postulación de los candidatos, el desarrollo de la votación, la acreditación de observadores electorales, el escrutinio de los votos, y la declaración y publicación de los resultados. Y finalmente, el periodo post-electoral, que comprende las fases supervisión, reformas y estrategia, puede involucrar tareas como la fiscalización de los recursos de los partidos políticos, las reformas a las leyes electorales y
la profesionalización del personal de los órganos electorales (Orozco, 2013: 21)

 

Cuadro 1. Condiciones generales y específicas de la transparencia

 

Ahora bien, teniendo en cuenta la definición y condiciones de la transparencia, es importante señalar que su existencia debe darse en todas las fases del proceso electoral. Aquí vale la pena recordar que el ciclo electoral, de acuerdo con lo establecido por IDEA Internacional, consiste de tres fases generales: el periodo pre-electoral, el periodo electoral y el periodo post-electoral.

Como lo indica la figura 1, cada etapa incluye distintos componentes y actividades. Por ejemplo, el periodo pre-electoral, que incluye las fases de planeación, capacitación, información y registro, puede incluir actividades específicas como el diseño y planeación del presupuesto y el calendario electoral, la capacitación del personal y la actualización del registro de votación.

Por otro lado, el periodo electoral, que incluye las fases de campañas, nominación, votación y resultados, puede incorporar, entre otras cosas, la postulación de los candidatos, el desarrollo de la votación, la acreditación de observadores electorales, el escrutinio de los votos, y la declaración y publicación de los resultados. Y finalmente, el periodo post-electoral, que comprende las fases supervisión, reformas y estrategia, puede involucrar tareas como la fiscalización de los recursos de los partidos políticos, las reformas a las leyes electorales y la profesionalización del personal de los órganos electorales (Orozco, 2013: 21).

Teniendo en cuenta las fases del ciclo electoral —desde la planeación, pasando por la votación, los resultados y hasta la etapa de reforma y la de estrategia— la transparencia debe permear cada una de ellas en consideración de las condiciones de visibilidad e inferabilidad. Esto porque la falta de transparencia en las elecciones 5 Transparencia electoral: la receta para la credibilidad puede dañar la legitimidad del proceso electoral y con
ello, la confianza de la ciudadanía en todo el sistema político, aumentando a largo plazo la desafección democrática. Por ejemplo, la falta de información respecto de los esquemas de financiamiento de las campañas electorales, así como la falta de sistema de rendición de cuentas en la fiscalización de recursos, puede derivar en situaciones de desacreditación de los actores políticos, incluyendo a los organismos electorales

 

Un estudio reciente de la Dra. Holly Ann Garnett, del Royal Military College de Canadá, pone de manifiesto la importancia de la transparencia. A través de un estudio implementado en órganos electorales en 99 países, nos demuestra la fuerte relación entre la transparencia de estas instituciones y su capacidad de gestión. Así, el estudio consideró el nivel de comunicación e información al respecto de la seis funciones clave que debe tener un órgano electoral, de acuerdo con el Manual de IDEA Internacional para el Diseño de la Gestión Electoral: determinar quién es elegible para
votar, recibir y validar las candidaturas para la participación electoral, realizar la votación, el conteo de votos, la tabulación de resultados y la administración de una organización fiable. De acuerdo al estudio, 20 paises de diferentes continentes y niveles de desarrollo económico como Australia, Colombia, Costa Rica, México, Noruega, Tailandia, entre otros, que recibieron el puntaje más
alto en una escala del 0 al 3, demuestran una capacidad alta para cumplir sus funciones e informar al respecto. Esto nos sirve para dilucidar dos cosas importantes sobre la transparencia y rendición de cuentas de los órganos electorales. Uno, que la capacidad de los órganos electorales se relaciona con los mecanismos que le otorgan transparencia a sus procesos, por ejemplo, el
acceso y disponibilidad de la información vía internet. Y segundo, que la capacidad de los órganos electorales, medida a través del análisis del contenido en línea, tiene un impacto positivo y significativo en la integridad electoral (Garnett, 2019: 345).

 

Transparencia y resultados electorales

Ahora bien, una de las fases del proceso electoral más susceptibles a los efectos adversos por la falta de transparencia, es justamente la etapa de resultados electorales. Es importante señalar que cuando la información sobre los resultados electorales no está disponible o bloqueada, cuando estos no son claros o se transmiten con retraso, las elecciones pueden ser cuestionadas o incluso rechazadas. Asimismo, cuando la tabulación de la votación se retrasa, cuando los resultados se filtran o se posponen, aumentan las tensiones y las sospechas, lo que puede generar desafíos y protestas.

Aquí, debilidades en cualquier eslabón de esta cadena pone en riesgo no sólo la calidad y confianza de los resultados, sino que puede comprometer la integridad de toda la elección. Por ello, los resultados electorales deben seguir estándares y procesos transparentes para dotar de legitimidad a los procesos electorales. Tomando en cuenta los parámetros de Michener y
Bersch sobre transparencia, la información sobre los resultados electorales, en principio, debe ser “visible” y, por lo tanto, completa y fácil de encontrar. En consecuencia, la información sobre los resultados electorales preliminares debe ser suficiente, con una mayor cobertura del país como un indicador de mayor visibilidad.

De la misma forma, la información debe estar disponible para todos los interesados y actores involucrados en el proceso, como los ciudadanos, partidos políticos, medios de comunicación y observadores electorales. De manera suscinta, la información sobre resultados oficiales también debe ser completa, abierta y ampliamente disponible. La consigna debe ser la transparencia máxima

La transparencia puede
ayudar a identificar irregularidades
en los procesos electorales

 

En segundo lugar, la información sobre los resultados electorales también debe ser inferible, esto es, que esté desglosada, que sea verificable y se presente de manera simple o sencilla. La desagregación de los resultados electorales implica que estos deben presentarse directamente en su forma original. No deben ser modificados por ningún actor que pueda filtrar contenidos y, por lo tanto, presentar una imagen incompleta o sesgada de las elecciones. Por ejemplo, cuando los funcionarios electorales comunican los resultados electorales, estos deben hacerlo con claridad y precisión, siendo fieles a los números proporcionados por las hojas de conteo y su agregación. Por otro lado, la información debe ser verificable, lo que implica que los resultados puedan ser verificados por un tercero —los datos deben ser corroborables. Un ejemplo de esto son los sistemas de transmisión de resultados que se verifican por un organismo independiente especializado. Un ejemplo es la capacidad de verificar que el dato del resultado de los centros de votación coincida con lo publicado oficialmente y a nivel nacional. La suma de múltiples verdades comprobables nos lleva a un total confiable.

Y finalmente, la simplicidad requiere que la información sobre los resultados de las elecciones sea sencilla, con publicaciones que faciliten su inferencia y entendimiento. Esto se puede lograr mediante el uso de gráficos, etiquetas u otros recursos para que la información sea más comprensible. Un ejemplo positivo es el uso de un buen sitio web, que sea fácil de usar y proporcione los resultados electorales completos y permita su análisis en distintos niveles, nacional o local.

Un caso que sirve para ejemplificar la adecuación del principio de transparencia a la fase de los resultados electorales es el de las elecciones presidenciales en México, el 1 de julio de 2012. Como en 2006, en 2012 las instituciones electorales de México funcionaron bien y organizaron elecciones técnicamente precisas. Sin embargo, en contraste con 2006, las elecciones de 2012 no fueron seguidas por el mismo nivel de protesta. A ello contribuyeron varios factores. Primero, el día de los comicios todos los 143,132 centros de votación instalados contaron con al menos un representante de algún partido político (Organización de los Estados Americanos, 2013). Segundo, posterior a las elecciones del 2006, los partidos políticos y las autoridades electorales tomaron medidas para evitar futuros conflictos postelectorales

 

La transparencia en los procesos electorales
sirve para que la ciudadanía, sin diferencia de condición,
pueda acercarse, ser partícipe y adueñarse
del proceso democrático

 

 

Para esto, en 2007 el Congreso mexicano diseñó y aprobó una reforma electoral que, entre otras cosas, tuvo como objetivo hacer que los resultados electorales y el recuento de votos fueran más transparentes y completos (Vargas, 2011). Dicha reforma, significó, por sus cambios a los procedimientos electorales, el inicio de “una nueva época en materia de transparencia y acceso a la información” (Nava, 2008: 251) para el sistema electoral mexicano. Y tercero, el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) implementó una serie de políticas internas de transparencia máxima para la comunicación de resultados. Una de estas modificaciones consistió en el escaneo de todas y cada una de las actas de los centros de votación, que después de escanerse podían consultarse en la página web del instituto. (Tapia, 2008: 395) Sin
duda, estos cambios ayudaron a aumentar significativamente la transparencia en la fase de resultados y con ello contribuyeron a mitigar el conflicto postelectoral.

La etapa de resultados electorales es una de las áreas más sensibles en un proceso electoral y juega un papel muy importante en la reducción del conflicto postelectoral. Aquí la transparencia es especialmente importante, ya que cuando los resultados electorales no son visibes e inferibles, surgen sospechas y tensiones, lo que puede generar conflictos. Un simple rumor puede convertirse en protestas multitudinarias. Para evitar esto, la transparencia es la mejor garantía. En este caso, ambas condiciones del principio de transparencia, más allá de tratar de evitar una definición arbitraria, dotan de fortaleza procedimental y metodológica a aquellos mecanismos que se implementan con el objetivo de reforzar la transparencia en los procesos electorales.

Es claro que la transparencia es un principio nodal de los sistemas democráticos. Esencialmente se trata de un principio que alimenta el sistema de pesos y contrapesos que debe existir en un estado de derecho. De manera simple, la transparencia en los procesos electorales sirve para que la ciudadanía, sin diferencia de condición, pueda acercarse, ser partícipe y adueñarse del proceso democrático. Así, es esencial dotar de herramientas específicas para que todas y cada una de las fases de una elección —desde el registro de votantes hasta la publicación de resultados— sean visibles e inferibles, claras y sencillas. La transparencia es el mejor antídoto que existe ante la desconfianza, y como hemos visto, incluso a veces ante la violencia.

Conclusión

Se tiene que tomar en cuenta a la transparencia como un elemento transversalizado a lo largo de todo el proceso electoral y sus etapas. No basta con que algún aspecto sea visible o con que exista información pública en el portal web. La transparencia debe tocar todos los aspectos del sistema, instituciones y procedimientos electorales. Esta luz permite no solo conocer los hechos y las actividades, sino disipar dudas y rumores y favorecer la rendición de cuentas. Es, en esencia, condición clave del fortalecimiento de la democracia.

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