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Aeropuertos dominicanos. Hacia dónde vamos o hacia dónde debemos ir

La siguiente lectura permitirá conocer los pasos asumidos para superar las trabas presentadas en los últimos años para posicionar nuestro sector aeronáutico y aeroportuario a los niveles de calidad y competitividad que hoy muestran, los logros alcanzados y que son reconocidos como referentes internacionales y, finalmente, el llamado a crear conciencia de los pasos pendientes y obligados de dar, de reconocer que la industria no se detiene y que si no se atiende como es debido, se muda a otros destinos donde se ofrezcan mejores facilidades y condiciones de competitividad, y que sin un esfuerzo conjunto y consensuado, la gallina de los huevos de oro podría dejar de poner.

 

Año tras año, República Dominicana sigue atrayendo a millones de visitantes quienes la eligen para sus viajes de negocios o vacacionales. Su posición privilegiada en el corazón del Caribe la convierte en el perfecto punto comercial entre Europa y Norte, Centro y Sur América, y desde allí al resto del mundo. Esto se evidencia con los logros atribuibles al desarrollo del turismo, los cuales son justamente compartidos por los atractivos naturales de esta tierra; la hospitalidad de su gente, comprobada por todos nuestros visitantes; y especialmente, el ambiente de seguridad que perciben quienes nos visitan. Conscientes de esto, se han establecido políticas e incentivos, pero, sobre todo, un cambio en la mentalidad de las autoridades, que han visto en el sector una importante sección de la economía nacional. El constante crecimiento a nivel turístico ha obligado tanto a gobierno como al sector privado a actuar de manera consolidada y establecer metas comunes que les permitan adaptarse para enfrentar este crecimiento, especialmente en el sector del transporte aéreo y de infraestructuras, cuyo éxito exige asegurar que los servicios se ofrezcan con calidad y eficiencia, así como garantizar un trato no discriminatorio hacia usuarios y proveedores de servicios de apoyo, pero, sobre todo, cuidando a los protagonistas principales, los pasajeros. Una revisión de los pasos dados nos permitirá enfocarnos de manera objetiva en los planes a futuro, de manea que se pueda continuar acogiendo el crecimiento cada vez más agresivo de un sector cada vez más competitivo y exigente en cuanto a calidad.

Sin lugar a dudas, República Dominicana presenta un constante crecimiento a nivel turístico, lo que le ha obligado a adaptarse para acogerlo, incluyendo políticas e incentivos, pero, sobre todo, un cambio en la mentalidad de las autoridades, que han visto en el sector una importante sección de la economía nacional. Sin embargo, hablar del turismo exitoso implica revisar los pasos que ha dado el Estado dominicano para abrir sus cielos, crear políticas acertadas y fomentar el desarrollo de sus infraestructuras. Nuestro sector aeronáutico tuvo un giro radical cuando, en 1993, como consecuencia de evidenciarse vicios y deficiencias en su marco regulatorio y sus autoridades, nuestro país cayó en la temida Categoría 3, mediante la cual la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos daba una estocada mortal a nuestros sueños de surcar los cielos con una línea aérea bandera nacional.

Luego de innumerables esfuerzos, el gobierno decide empoderarse y dar fin al negocio de las consultorías, creando finalmente el marco regulatorio adecuado que permitió que nuestras autoridades aeronáuticas fueran reconocidas como competentes para regir el sistema. Al mismo tiempo, nuestra infraestructura aeroportuaria estaba en franco deterioro, no teniendo el gobierno ni los recursos ni la intención de enfrentarlo, aprovechándose dicha circunstancia para colar al sector privado en nuestros principales aeropuertos estatales. En 1999, sin contarse con un marco regulatorio propiamente válido para llevar a cabo un proceso de concesión, los cuatro principales aeropuertos estatales pasan a ser operados por un consorcio privado, cuyo contrato obligó a la administración aeroportuaria estatal a transformarse en reguladora del sistema. Este mismo proceso formaliza la existencia de aeropuertos privados1, cuya vinculación con el Estado dominicano obligaba a una doble tributación por parte de los usuarios, quienes pagaban tanto al gobierno como al operador privado, desfigurando los principios de competitividad que deben regir al negocio aeroportuario.

Tras una secuela de decretos acomodaticios del sector, se abrieron las oportunidades de inyectar el capital suficiente para que nuestros aeropuertos fueran adecuándose a las exigencias de una demanda que crece diariamente. Nuestros aeropuertos fueron sometidos a las transformaciones necesarias en su momento, donde la inversión privada fue decisiva para el crecimiento turístico, la mejora de la productividad y la competitividad del país, favoreciendo y facilitando las condiciones para el desarrollo económico y social. El Estado ha sido fundamental para el correcto y armónico crecimiento del sector, ya que propicia la complementariedad y no la competencia, potenciando el desarrollo económico en un ambiente sustentable Esto se ha logrado reinvirtiendo los ingresos generados en la mejora de equipos e infraestructuras bajo responsabilidad estatal. Igualmente, se han formulado las políticas necesarias y ejecutadas acciones conjuntas entre actores transversales del transporte aéreo y del turismo para superar las barreras existentes y mejorar el flujo de turistas internacionales.

La regulación de aeropuertos es una tarea compleja que requiere de especialidad e independencia en la aplicación de la misma, y actitudes responsables de nuestras autoridades han logrado un despertar en la responsabilidad del Estado de reclamar los cambios necesarios que exige la creciente demanda, la cual se espera que para el 2035 se duplique, y para lo que nuestros aeropuertos no están preparados.

Logros en el sector

Los aeropuertos son un insumo esencial del transporte aéreo. Por ello, es necesario asegurar que los servicios se ofrezcan con calidad, eficiencia y competitividad, así como garantizar un trato no discriminatorio hacia las aerolíneas y los proveedores de servicios de apoyo, pero sobre todo cuidando a sus protagonistas principales, los pasajeros. En el año 2018, 14.5 millones de pasajeros viajaron a nuestro país por vía aérea2, y se espera que para este año supere los 15 millones de pasajeros. Esto refleja el constante aumento en el número de pasajeros a razón de un 5.52% promedio de crecimiento anual registrado durante los últimos 20 años3. De estos, el 97% son pasajeros internacionales, entre los cuales arribaron 6.6 millones de turistas. El 60% de los turistas son norteamericanos, seguidos por los europeos con un 23%. El resto de los mercados emisores de relevancia son Sudamérica, Centroamérica y Caribe y por último Asia. Este crecimiento anual se debe a iniciativas estatales de facilitar menos trámites aduaneros reduciendo el tiempo de los visitantes, y las acciones de promoción 2 http://www.jac.gob.do/transparencia/index.php/estadisticas 3 https://www.icao.int/NACC/Documents/Meetings/2019/NACCDCA9/NACCDCA9P12.pdf en los diversos mercados del mundo. Igualmente, la apertura de nuevas rutas aéreas ha permitido a nuestro país tener mayor conectividad con el mundo, gracias a nuestra política de cielos abiertos y a los acuerdos de servicios aéreos suscritos con otros Estados.

 

Tenemos cinco aeropuertos certificados, y una implementación efectiva de 91.32% de las metas del Plan Global de Seguridad Operacional.

 

La política de publicidad y promoción de los destinos dominicanos en el exterior, llevada por un esfuerzo conjunto público-privado, ha sido clave a la hora de explicar los resultados positivos. Las campañas digitales fueron relevantes, considerando que un alto porcentaje de los viajes se concretan por esa vía. A nivel de infraestructuras, la red aeroportuaria dominicana es una de las más completas de Latinoamérica ya que, en tan sólo 48 mil kilómetros cuadrados de superficie, tenemos ocho aeropuertos internacionales; cinco de propiedad estatal, operados bajo el esquema de concesión; y tres de propiedad privada, con el correspondiente permiso de explotación comercial. Esta red se completa con cinco aeródromos domésticos estatales, distribuidos estratégicamente para interconectar todo el territorio nacional con los principales puntos turísticos del país. En adición a esto, el Estado vela por el cumplimiento de las normas y métodos recomendados conforme con los requisitos establecidos por la Organización de Aviación Civil Internacional, garantizando una mejora en la eficiencia en los servicios en los aeropuertos.

Entre los principales logros, tenemos cinco aeropuertos certificados, y una implementación efectiva de 91.32% de las metas del Plan Global de Seguridad Operacional5. En materia de seguridad, obtuvimos un 96.98% de puntuación en la auditoría USAP6. Contamos con seis aeropuertos certificados en el Nivel 1 “Mapping”7 y uno en el Nivel 2 “Reducción” del Programa de Acreditación de Huella de Carbono del Consejo Internacional de Aeropuertos.8 El sector aeroportuario y aeronáutico exhibe grandes logros, por tanto, ahora hay que definir cuál es el próximo paso a dar. Es evidente que la falta de capacidad para cumplir las demandas de servicio y el problema resultante de la congestión y demoras es definitivamente el principal reto a asumir. Conforme el tránsito continúe creciendo, este problema empeorará.

 

¿Qué hacer?

Planificar Se deben explorar alternativas para enfrentar el problema del desequilibrio entre la capacidad disponible de los aeropuertos y la demanda de servicio. Un concienzudo análisis deberá observar la posibilidad de incremento de la capacidad a través de la construcción de nuevos aeropuertos o de una ampliación de las instalaciones existentes. Igualmente se hace necesario redistribuir las horas pico de demanda, aplicando medidas administrativas o económicas para que la demanda se ajuste a la capacidad disponible. A esto hay que agregarle la aplicación de nuevas tecnologías y prácticas operacionales innovadoras para optimizar la operación y utilización de las instalaciones aeroportuarias. Por un lado, el contrato de concesión aeroportuaria se encuentra en cuenta regresiva y el Estado aún no ha tomado la decisión de si continuará con el esquema actual mediante renovación, llevará a cabo un nuevo proceso, o confiará en su esquema administrativo estatal para reasumir el control de los mismos.

En cual quier caso, se requiere un real plan de adecuación de las instalaciones para acoger la demanda que se proyecta. De retomarlo el Estado, es necesario que se apliquen controles rigurosos mediante una legislación nueva y clara, a fin de garantizar que los fondos generados por los aeropuertos sean para su mantenimiento y expansión. Por su parte, el sector privado se siente confiado en que el negocio permanecerá en sus manos. En cualquier caso, es necesario llevar a cabo un amplio proceso de estudio y consulta como una etapa fundamental previa a que el Estado decida el futuro administrativo aeroportuario. Por su parte, los aeropuertos privados darían la sensación de encontrarse en su zona de confort, ya que en algunos de ellos no se vislumbran mayores esfuerzos por ampliar su volumen de operaciones. Una política global de desarrollo evitaría que nuestros aeropuertos llegasen a saturarse por no tener previsión, sumado a un desarrollo hotelero no planificado, los controles ambientales correspondientes, y las demandas crecientes de los visitantes.

De no adoptarse, pudiéramos ver, a mediano plazo, un crecimiento que podría limitar y hasta frenar el desarrollo turístico. Hay intenciones del Estado de desarrollar nuevos polos turísticos9, los cuales contarían con sus propias instalaciones aeroportuarias. El sector privado, de igual manera, propone proyectos que podrían complementar las estructuras existentes, dando cabida a nuevos puntos de entrada a nuestro país y de ahí conectarlo con el resto del mundo.

 

Pero, ¿cuál es el criterio sobre el cual se debería llevar a cabo?

Lo primero es un marco regulatorio claro, equitativo, que salvaguarde los intereses nacionales y que clarifique las responsabilidades de cada protagonista del sector. El papel múltiple que juegan las autoridades aeroportuarias y aeronáuticas en la definición de políticas, planeación, promoción y regulación de los aeropuertos, es difícil de desempeñar adecuadamente mientras no se cuente con el marco regulatorio adecuado, pero sobre todo con el apoyo de los sectores que los rigen.

 

En el año 2018, 14.5 millones de pasajeros viajaron a nuestro país por vía aérea, y se espera que para este año supere los 15 millones de pasajeros.

 

 

 

 

Se necesita además implementar un Plan Nacional de Desarrollo Aeroportuario, que vaya desde lo particular del aeropuerto, al plan municipal, al plan provincial, al plan regional y finalmente todo integrado en un gran plan nacional global que incluya la intermodalidad del transporte10, constituido por los sistemas de transporte terrestre, aéreo y marítimo. Este plan, actualizable cada 5 años, permitirá ver hacia un futuro de 20 años, partiendo de que los planes de los aeropuertos son documentos vivos, lo que permite visualizar e impulsar las inversiones más relevantes que se requieran. Esto obliga una gestión eficiente, rentable y sostenible, la cual requiere un trabajo conjunto entre los diferentes sectores a fin de llevar a cabo una adecuada revisión, formulación y aprobación de los planes, los cuales deberán contemplar la adecuada inversión, innovación y optimización de procesos que permitan la viabilidad económica e impulsen un plan social de desarrollo. Por otro lado, a nivel de espacio aéreo, el incremento de la demanda del tráfico supera la actual capacidad tecnológica y urge dar respuesta a las operaciones y fomentar la colaboración incluyendo tanto a gobiernos como a la industria aeronáutica.

El reto es satisfacer la creciente necesidad de gestionar un mayor volumen de tráfico de forma segura y eficiente. Tampoco podemos olvidar que la gestión de los problemas derivados del aumento de pasajeros es cada vez más compleja y necesita contar con sistemas cada vez más innovadores para evitar el colapso de los recursos. Esto incluye adaptarse a los cambios de hábitos de los pasajeros, lo que requiere que las medidas de seguridad en los aeropuertos también evolucionen para adaptarse a los nuevos retos. Se ha pasado de una seguridad orientada a evitar una intrusión no intencionada, a tener que afrontar amenazas premeditadas y con intenciones de sabotaje, contrabando, terrorismo y ciber-terrorismo11. Finalmente, no olvidemos que el transporte aéreo genera crecimiento y empleo, y que está fuertemente ligado a la competitividad, la calidad, la capacitación del personal, la transparencia, la tecnología, el cuidado 10 http://www.cablenoticioso.com.do/2018/03/tecnico-aeroportuario-destaca-plan-de.html 11 http://memorias.minpre.gob.do/api/documents/841/download al medioambiente, la responsabilidad social y otras actividades en las que se mantiene atención y vigilancia constante. El reto es ofrecer facilidades, servicios y productos nuevos y mejores, a fin de seguir siendo competitivos en el mercado mundial y mejorar la calidad de vida de todos los dominicanos.

 

Conclusión

El compromiso asumido por un sector consolidado y con metas comunes para seguir trabajando de forma continua por el impulso de la aviación, ha permitido que se den pasos firmes como la apertura de sus cielos, la mejora de la infraestructura, innovaciones tecnológicas, simplificación de procesos y alianzas estratégicas, las cuales han colocado a la República Dominicana como referente, evidenciado en los últimos logros alcanzados en el ámbito internacional12. Ahora bien, este esfuerzo no está dirigido a un fin, sino que son el medio para alcanzar un fin que parece no tendrá término, y qué bueno que sea así. Tenemos que reconocer que la aviación es un sector de importancia estratégica, que respalda un amplio conjunto de objetivos de desarrollo económico y social del país, y cada sector involucrado tendrá que poner su granito de arena. En ese sentido, tendremos que asegurarnos que estas acciones cumplan con las mejores prácticas internacionales, y que logremos concretizar planes nacionales intersectoriales de desarrollo, que permitan alcanzar las metas trazadas para el crecimiento económico y cohesión social, y poder crear las condiciones adecuadas para desarrollar la competitividad del sector turístico, aeroportuario y aeronáutico de la República Dominicana. Es mucho lo que hemos caminado, pero es más largo aún el camino pendiente por recorrer.

 

1 Comment

  1. Manuel Enrique Abbott Batista dice:

    EXCELENTE ARTÍCULO.

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