Las teorías migratorias

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Las teorías migratorias

Las teorías migratorias desmienten la creencia de que cada persona, al trasladarse de un país a otro a los fines de trabajar y fijar residencia, ejerce un acto de libérrima voluntad y, como tal, exento de influencias externas. Constituyen, por tanto, un modo extraordinario de entender el mundo de hoy, regido por las grandes empresas multinacionales y los centros financieros.

 

En el debate sobre las distintas teorías migratorias que intentan explicar los continuos flujos humanos, se puede advertir la vigencia de dos orientaciones conceptuales extremas sustentadas sobre modelos cognitivos distintos y estrategias diferentes. En efecto, se manejan distintas consideraciones, algunas acabadas, otras no tanto, que más bien componen aproximaciones hacia la explicación de los desplazamientos de personas, y que suelen reflejar la inexistencia
de un cuerpo teórico completo y coherente.

Algunos autores dominicanos (Báez y Lozano, 1992) entienden que las teorías son reducidas a dos orientaciones conceptuales extremas, sustentadas sobre modelos cognitivos distintos y estrategias diferentes, es decir, la teoría del equilibrio y la historia estructuralista. Estas principales teorías serán tratadas más adelante. Pero aquí también serán consideradas otras con grados importantes de actualización, que igualmente veremos por aportar alguna novedad que trascienda hacia el propósito común, el intento de explicar por qué existen las migraciones.

Las teorías que intentan explicar los fenómenos migratorios no solo deben responder a la pregunta de por qué existen, sino que deben contestar otras
como: el punto al que se dirigen, la elección del destino, la vinculación entre origen y el destino, estatus jurídico a alcanzar, o algo más, ”una teoría sobre las migraciones debe ser capaz de explicar la dimensión, dirección y composición de los movimientos, los factores que determinan la decisión
de moverse y la elección del destino, así como las estrategias de integración en el país y el resultado final del proceso migratorio, establecimientos, migración pendular o de retorno” (López Ana, 2005:51).

Las teorías más reconocidas, como las intermedias, tienen otras cosas en común: provienen de diferentes ciencias, principalmente de la sociología y la economía;
no presentan ninguna relación entre ellas, sino por el contrario, traducen la intervención de los expertos y expertas con un alto sentido de competitividad. Otro elemento común que parece presente en algunas de ellas es la ausencia del elemento político (Zolbera y Massey, 1999; Portes, 1997) y el jurídico, en tanto se ha observado el desinterés de los gobiernos y la preponderancia del mercado. En la construcción de las mismas, a diferencia de la histórica estructura marxista, ha estado ausente la figura del Estado, de manera que ni puede sorprendernos que entre globalización y migración ocurra una suerte de armonía perfecta.

La ausencia del elemento político ha sido reconocida por expertos teóricos de la sociedad quienes admiten que “la sociología ha sido incapaz de incorporar
las variables políticas en sus análisis de la migración internacional” (López, 2005:65). Justamente, el estudio de las migraciones ha estado dominado por la sociología, lo que ha restado protagonismo al elemento político, obviando en el contexto migratorio las consideraciones políticas y los estados intervinientes de una manera tan determinadamente, por lo que no puede soslayarse este olvido, si se entiende que la dimensión política es nodal, ya que no hay nada más que determine las corrientes y los tipos migratorios que las políticas de admisión. Sin embargo, es también preciso admitir el rol del derecho como ciencia,

El incremento de la migración produce cambios estructurales que hacen más probable una emigración adicional

 

al interior del estudio de las teorías migratorias. Si bien la política define la plataforma, es la ley que la regula. En ocasiones la política aparece perfectamente expuesta y sincronizada ella misma, más la normativa a regular, que es la que finalmente se convertirá en derecho positivo, muy alejada de la aparente intención política.

Esto ocurre en el terreno de la legislación migratoria dominicana, muy intervenida por el juego político y el mercado, tanto en su propia estructura como en su
aplicación. En consecuencia, como ya se ha dicho, el estudio del tema migratorio, incluso desde la perspectiva teórica, debe ser multidisciplinario. La incorporación de juristas a los análisis es reciente, por lo menos en República Dominicana, donde se advierte, desde su disciplina, algunos resultados y se pondera que los efectos de los estudios teóricos deben reflejarse, a la larga, en concreciones, lo que no es así necesariamente en otras ciencias.

Para contar con más progresos dentro del sistema migratorio y para una teoría completa y coherente sobre la inmigración internacional, será necesario el enfoque teórico jurídico, partiendo de que el sistema jurídico internacional, tal como existe en pleno siglo XXI, demuestra una verdadera precariedad en una solución de los conflictos generados por la presencia de inmigrantes en los países de acogida, cuyo desarrollo se acerca a los derechos de ciudadanía y desdeña o no trascienden hacia los derechos humanos de los y las inmigrantes.

Luego de las anteriores consideraciones, pueden analizarse las características de las dos principales teorías sobre movimientos migratorios, referidas a la
dinámica de los propios sistemas migratorios. Por un lado, el enfoque tradicional o modelo de equilibrio y, del otro, el enfoque histórico estructural de inspiración marxista. El primero domina el debate dentro de la comunidad académica norteamericana, “asume una óptica atomista e individualista del problema migratorio, en la que la migración es vista como el producto de una decisión individual, ante situaciones de desequilibrio, sopesando racionalmente los costes y los beneficios” (Báez y Lozano, 1992:19).

Este precepto teórico que intenta explicar el fenómeno se adviene al modelo de equilibrio y, por tanto, será considerada tradicional u ortodoxa, maneja la migración como una relación de expulsión-atracción, considerándola como una decisión racional e individual de abandono del país de origen tras mejores condiciones de vida. El fundamento para su existencia y permanencia se debe al mantenimiento de los factores de expulsión y a la apertura de la sociedad receptora.

Desde su visión, esta afirmación es errada, es más, no sin antes “se revela insuficiente o inexacta en el estudio de las sociedades subdesarrolladas donde está
claro, a la luz de los procesos de urbanización del tercer mundo, como la migración hacia los centros capitalistas de los mejores miembros de la fuerza laboral,
que la decisión de emigrar dista mucho de ser una decisión racional” (Báez y Lozano, 1992:19). Nada varía tampoco cuando a la persona migrada o con intención
de emigrar se suma a la unidad doméstica, todo el grupo social que la conforma entrará en la misma dinámica de funcionamiento.

El enfoque que realizan Báez y Lozano, aunque dentro de la orientación histórica estructural, no resulta conocido, en razón de que rompen con las concepciones
tradicionales que adolecen en extrema generalización, impidiendo en el análisis la captación de particularidad. Para ellos, y en su perspectiva sistemática, pierde
interés la meditación que debe existir entre la decisión de migrar y el ámbito de las estructuras, puesto que ahora el análisis de la cuestión social se desplaza del
ámbito del sujeto individual o economía doméstica al de la clase social.

En la teoría histórica estructural, en cambio, el problema migratorio se analiza sobre una óptica diametralmente opuesta, es vista como un reacomodo de la
fuerza laboral en función de las necesidades de capital y las estructuras productivas. Para esta concepción y sus autores, el comportamiento migratorio es parte de la dinámica normal de funcionamiento de las distintas unidades que funcionan en el sistema mundial. Así, la decisión del individuo o de la familia es parte
de un comportamiento más amplio propio de la clase de la que se proviene, la toma de decisiones está relacionada a factores vinculados con el sector social al que se pertenece y con los requerimientos de la estructura de recepción, y es la consecuencia del agotamiento de las perspectivas de desarrollo puestas en las comunidades de origen.

Son estas las ideas centrales de la teoría histórico estructuralista, con la cual se identifica este trabajo, que estudia la relación entre los países de emigración
e inmigración que, además de basarse en el reajuste de la fuerza laboral como agente de las necesidades de capital y las estructuras productivas, reconoce los acuerdos y cultura, programas económicos gubernamentales, conjuntamente con la incertidumbre y el racismo que generan, interpreta la migración como un cambio social producto de la formación desigual de clases. Los argumentos de esta teoría resultan difíciles de rebatir, lo que no quiere dejar dicho que no se tome en cuenta la gran utilidad de teorías más recientes.

El enfoque teórico defendido por Inmanuel Wallerstein (1979) no se separa del anterior, y se conoce como teoría del sistema mundial o de la dependencia. Sostiene que la migración internacional no está sujeta al fraccionamiento del mercado de trabajo desde una economía nacional particular, sino a la estructura del mercado mundial que se desarrolla desde el siglo XVI. En este esquema la penetración de las relaciones económicas en las capitalistas en las sociedades no capitalistas de la periferia, crea una población móvil que desea emigrar al extranjero. En el moderno sistema mundial Wallerstein estudia la perspectiva del problema mundial o economía mundo, en el que explica el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas desde una visión neomarxista. Su teoría tiene una gran aceptación y aplicación dentro de las relaciones internacionales.

Entre las intermedias tenemos la teoría de la causalidad acumulativa, que reconoce las consecuencias que dejan en las comunidades de origen los procesos migratorios, pues trastornan las bases sociales, los roles sexuales y los niveles culturales. “Desde esta teoría se entiende: que el incremento de la migración produce cambios estructurales que hacen más probable una emigración adicional y una aceleración de los cambios económicos, políticos sociales y culturales en las sociedades expulsoras” (Kandell y Massey, 2002:81). Dejan a su paso ciertos hechos fácticos que convierten en probables y continuidad en la ruta tras los primeros movimientos migratorios.

Otra a ser considerada en el presente análisis es la denominada teoría de las redes sociales, la cual, entre las aproximaciones teóricas, es vista como muy explicativa en aceptar la sociedad como un conjunto de relaciones entre individuos, las que definen como las relaciones sociales que organizan y dirigen la circulación de trabajo, capital bienes servicios, información e ideas entre las comunidades que envían emigrantes y los que reciben. “En procesos de movilidad de las personas, las redes migratorias son un conjunto de lazos interpersonales que conectan a los emigrantes con migrantes anteriores y con los no inmigrantes en las áreas de origen y de destino a través de relaciones de parentesco, amistad y paisanaje´´ (López, Ana 2005:62).

Muchas de las apreciaciones aquí vertidas tienen una comprobación fáctica, en tanto en los procesos migratorios existen redes que funcionan en cadena fuertemente compactadas que responden a las expectativas de quienes emigran, pero no explican el origen de la presencia primera.

A propósito del tratamiento de contenidos teóricos que explican el porqué de la migración, se añade un nuevo argumento que, al ser tratado, nos revela su importancia. Hasta ahora no ha sido considerado como una cuestión a estudiar frente al problema migratorio, a pesar de construir una actitud deliberadamente asumida y puesta en práctica entre los llamados Estados débiles y los países altamente desarrollados.

El comportamiento migratorio es parte de la dinámica normal de funcionamiento de las distintas unidades que funcionan en el sistema mundial

Se trata del tema de la evasión. Se inicia en el reconocimiento de condiciones de vida insatisfactorias para las personas nacidas en determinado territorio y la administración de las dependencias de las estructuras económicas de otras naciones que denominan las relaciones capitalistas de producción mundial. En la ciudadanía de estos países empobrecidos se despierta el interés por acudir a naciones amigas que supuestamente estarían a su espera para insertarlas en el aparato productivo. La reflexión que deben marcar el presente contexto “es que más que una actitud, se trata de una tendencia que es aplicada con éxito en la mayoría de los países del Caribe y Centroamérica en los que están aplicados sus estados”.

La historia de esta política de evasión, que en los términos de los estudios migratorios no es tal, puesto que se le da el nombre de políticas a las líneas de admisión
de inmigrantes, es asumida con criterio de juicio por la mayoría de las sociedades del tercer mundo, incluyendo sus gobiernos, es prolongada en el Caribe. Adquiere carácter en un viejo informe denominado misión de Haití, de fecha 10 de julio de 1948, elaborado por una comisión de asistencia técnica de las Naciones Unidas.

En el documento se hacen recomendaciones, luego de contactar la dramática pobreza que sacudía la vecina nación, de considerar seriamente la posibilidad de
alertar la migración como medio de neutralizar esta tendencia y de remediar los efectos graves de la súper población (Sánchez y Sánchez 1960).

Desde otras opiniones se refuerza la aplicación de esta forma evasiva de aplicar las políticas migratorias. Se ha aplicado dentro de la exploración de opciones para contrarrestar las consecuencias del alto incremento de la población, al considerarse que la emigración podría constituir una estrategia posible de desarrollo para los países subdesarrollados.

Entre otros factores se destaca el efecto “válvula de escape” o alivio que producía la salida de la población a las presiones sobre el empleo del crecimiento de la población en edad de trabajar. Portes y guarnido (1991) aparece tiempo más donde dentro de las medidas asumidas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos con respecto a la República Dominicana en momentos en que la situación política era difícil y convulsa, por la proximidad de la Revolución de Abril.

En concreto, existen indicios de que a mediados de los sesenta, el Departamento de Estado dio los pasos que facilitaron la emisión de visas a los dominicanos, como “válvula de escape” en un período de agitación y como una forma de apoyar al nuevo gobierno auspiciado por los Estados Unidos. Por tanto, el alertar la migración no tendrá demasiada incidencia en el resultado final del proceso migratorio, como lo tiene la dinámica de la movilidad internacional del trabajo, si por supuesto que incrementa la lista de espera y deja sobre el tapete la expresión de la actitud frecuente del dejar de hacer y dejar pasar, propia de quienes buscan el poder por el poder y que no cuentan con el programa de desarrollo de largo alcance.

Hoy día, otras teorías tratan de explicar los desplazamientos poblacionales que no tienen propósito de abandonar el hogar para siempre, sino una permanencia
relativamente extensa para lograr propósitos de mejorías económicas que no se obtendrían en el país que se ha nacido. Se trata de políticas originarias y propias
del Caribe, que no pueden explicarse en el modelo occidental tradicional norte-sur, o sea, que las antiguas de migraciones de los europeos hacia América con la
decisión de quemar las naves y la intención de no volver.

La noción que define el fenómeno de movilidad poblacional se denomina trasmigración, que expresa la idea de que “los migrantes no observan su destino migratorio como meta final de movimiento, lejos de casa, sino, tal vez, como una etapa transitoria en un proceso que posee varias etapas y como su meta final el regreso al punto de origen”. (Fog Olwin 1997:56) El enfoque novedoso y analizado a raíz de migraciones caribeñas hacia EEUU o hacia otras islas del archipiélago
se observan en conexión con el trasnacionalismo o reacomodo de las fuerzas laborales, en función de las necesidades de capital y las estructuras productivas
que se refieren a sistemas sociales y culturales no locales que trascienden barreras que emergen cuando las personas mantienen lazos en más de una nación.

 

Dora Eusebio Gautreau
Dora Eusebio Gautreau
Licenciada en Derecho en la UASD. Doctorado en la Universidad del País Vasco, España. Profesora de Derecho de Familia y Filosofía del Derecho. Exdirectora de Investigación de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UASD.

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